miércoles

Viento de invierno

Enero

El termómetro marca tres grados. Él maldice en silencio y sigue andando, sólo una sombra perdida en una calle de Madrid. Sus pasos rítmicos son lo único que se escucha, ni siquiera los coches rompen el frío y la soledad que envuelven de niebla y suspiros de viento  y vaho esta mañana de enero. No lleva reloj, no sabe qué hora es ni cuánto rato lleva caminando, ni tampoco cuándo dejará de hacerlo. Es demasiado pronto para estar despierto, demasiado tarde para volver a casa ya. Así que sólo sigue, un paso, y otro más. El sol empieza a desperezarse, despunta entre los edificios, y la luz anaranjada hace brillar sus pupilas cuando por fin decide detenerse.

Lenta, muy lentamente, saca las manos de los bolsillos. Entre sus dedos, tímida, asoma la esquina de una fotografía. Él la observa, se pierde entre esas sonrisas que las lágrimas ya se encargaron de borrar, en esas manos entrelazadas que quedan tan lejos que ya casi resultan difíciles de recordar. Y rasga, lentamente primero, de un decidido tirón después, y el sonido del papel rompiéndose inunda sus sentidos. Dos mitades, dos manos que ya no volverán a entrelazarse, dos miradas rotas. Ahora el viento sopla más fuerte, Y entonces, lanza los cuatro pedazos al aire, que se los lleva en una danza extraña, que juega con su pelo y le susurra al oído cosas que no logra entender.


El sonido del viento golpeando en su ventana hace que se despierte incluso antes de que suene la odiosa alarma de todas las mañanas. Se levanta rápida, ligera, repentinamente desvelada, y abre la ventana. Le gusta sentir el frio posándose en su piel por un instante, el leve escalofrío que la sacude y le hace sentirse viva. Esta mañana, el sol la saluda desde lo alto, y el viento juguetea con su pelo, revolviéndolo. Se asoma al balcón, observa, sonríe, con la mente en blanco, y de pronto algo le roza el brazo y cae. Se agacha a cogerlo, y un chico le sonríe desde el papel. Lo mira y siente algo extraño, un calor que trepa por su estómago hasta provocarle un escalofrío. Espera, pero no aparecen más pedazos de la extraña fotografía. El frío viento le recuerda de pronto el calor de su habitación, y cierra la ventana, llevándose la foto con ella. Y la mira de nuevo, fijándose en esa sonrisa, en esa mano suspendida en el aire sin agarrar nada en concreto.

Septiembre

Ella corre por la calle, su pelo meciéndose al compás de sus pasos, bailando con la brisa que va despidiendo el verano. Los nervios ya están instalados en su pecho, primer día de universidad... qué rápido ha pasado todo. Siente curiosidad, ganas de cambiar, de vivir experiencias nuevas, pero, sobre todo, se dice mientras apura el paso, no quiere llegar tarde... 
Se sienta en la última fila, tímida, curiosa, expectante. Unos ojos la observan divertidos.
- Primero?
- Qué...?
Él sonríe. Esa sonrisa...
- Decía que si eres nueva....
- Eh... sí... ¿tanto se nota?
Sus ojos sonríen, sus manos... esas manos.

Ella se queda mirándolo, de nuevo el escalofrío, no puede ser. No puede ser él, hace ya  tanto tiempo desde que aquel papel cruzó su ventana....Él la mira, curioso, interrogándola con la mirada.
Y ella... no sabe qué decir. Tan solo desliza sobre la mesa un papel, una fotografía... una sonrisa, un papel rasgado en cuatro pedazos.

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