miércoles

Tu perpendicular

No éramos más que un par de líneas que discurrían paralelas, a su ritmo, sorteando sus propios baches, salvando sus propios problemas.
Te miro, me miras, sé que estás pero no puedo tocarte, no puedo tenerte.
Y un minuto después, el más absoluto silencio lo envuelve todo. Y voy a oscuras, buscando a tientas algo que no consigo reconocer, tal vez un olor, un perfume, un sonido, pero sé que está ahí. 
Un golpe, una sacudida, tal vez deberíamos llamarlo casualidad. Y de repente, pasamos a ser dos líneas perpendiculares trazadas expresamente para cruzarse, como si fuera lo más natural del mundo, como si siempre hubiera sido así.
Como si quisieras cogerme de la mano en medio de la oscuridad, y de pronto, nada más mirarnos a los ojos de nuevo, comprendiera que has venido a borrar de mi rostro las lágrimas y transformarlas en mil y una noches de risas.

Estaría bien. Ahora, sólo me queda confiar en que hagas la suficiente fuerza para trasladar la línea. Para dejar de ser dos almas paralelas. Para transformarte en mi perpendicular... Noventa grados justos de separación que se conviertan en cero cuando más lo necesite. Y al compás de los 360 grados de mi corazón.

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