martes

Estrellas y mariposas

Estrellas y mariposas.
Es todo lo que puede sentir en esta fría noche de invierno. Enero, piensa. Vaya, cómo pasa el tiempo. Y sonríe. Y se deja llevar, y siente la hierba mojada bajo su pelo, y la manta sobre su cuerpo. Imagina tu mano sobre la suya, y todo el frío desaparece. Respira hondo, más aún, y cierra los ojos, pero los miles de puntitos brillantes siguen ahí; más allá de sus temblorosos párpados, a cientos de años luz, miles de estrellas titilantes la saludan.

Y entonces aparecen. Ellas. Se cuentan por cientos, tal vez por miles. Se pasean lentamente por su estómago, arriba y abajo, haciéndole cosquillas con las alas.

Enero siempre es un mes de ilusión, de mejillas sonrosadas por el frío, por la emoción del cambio. Se promete a sí misma que este será mejor que el anterior. Todo a su alrededor huele a nuevo, como los libros sin estrenar en un cajón. La gente aún inunda las calles movida por los acordes acompasados de los villancicos que aún resuenan por toda la ciudad y se respira impaciencia, ilusión, incertidumbre. Eso es exactamente lo que ella siente.

Como cada año nuevo, pasea sin rumbo, las manos en los bolsillos, y se esconde en su bufanda gigante, y se mueve entre la gente, pero está sola. Aparta todo pensamiento de su cabeza, a veces loca, a veces responsable, en ocasiones irracional, y repasa los nuevos proyectos, las nuevas ilusiones a cumplir en estos próximos 365 días.

Una vez más, volver al gimnasio, dejar el chocolate y las golosinas también... ah, y terminar aquella novela que empezó para dejarla abandonada después; divertirse, viajar, seguir soñando.... Y de repente, algo ocurre. Un pensamiento escapa de su cautiverio momentáneo y aparece, ahí, una imagen, un olor que le hace estremecerse. Y lo sabe, y sus labios pronuncian para sí misma la frase que no se atreve a decir ante ti... Mi proyecto favorito.... eres tú.

Y de repente se quita la bufanda, y sonríe, y sigue sonriendo hasta que la gente se vuelve a mirar a la chica que sonríe y corre y parece que vuela, hasta que le duelen las mejillas y se siente una tonta, pero ni siquiera eso le importa. Sabe que estás ahí, en alguna parte, y está dispuesta a encontrarte.

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