martes

Estaba a punto de marcharse. La vida se escapaba por cada poro de su piel, y con ella el color de su tez, cada día más pálida. Todos estaban allí para ella. Se había convertido, maldita casualidad, en la protagonista forzada de la película más importante, la suya propia.
Sin embargo, paradójicamente, ella rebosaba vida. Sus ojos, aun cansados, gritaban que quería viajar, reír, querer, soñar, pisar la arena una vez más. Contagiaba vida, estar con ella era un auténtico shot de positivismo.
Siempre decía que poner las cosas fáciles sería demasiado aburrido, así que compensaba su creciente palidez pintando con los colores más vivos sus dibujos, su vida alejándose totalmente del quirúrgico blanco.
Cada vez que le dabas la mano, era ella quien apretaba fuerte, como diciéndote hey, sigo aquí, no vas a perderme de vista tan fácilmente.
Y tenía razón.
Porque a la gente como ella nunca, nunca, se la puede olvidar.


Dedicado a todas las K. del mundo

2 comentarios:

Pedalier dijo...

Siempre en estas fechas nos acordamos de quienes ya no están. Es deber recordarlos porque, en el fondo, algo de ellos queda en nuestro interior.

Nos leemos.

Hayat dijo...

Como pequeños flashes nos acordamos de las personas que han sido muy importantes en fechas señaladas y cuando son un dia cualquiera.Como algo necesario...un beso!