martes

¿Sabes? Siempre odié tus moños. De verdad. Sigo odiándolos, de hecho. Creo que no podía soportar la imagen de tu cuello despejado y esos mechones rebeldes cayendo, livianos, atrapando tu rostro entre luces y sombras. Y la sensación de estar eternamente como recién levantada, como si salieras a cada momento de entre mis sábanas. Y creo que tampoco podía soportar que siguieras exactamente igual de guapa, o incluso más, con esos recogidos improvisados. 
En realidad, creo que me gustaban tanto que, por mi propio bien, decidí empezar a odiarlos. 

3 comentarios:

Jorge dijo...

Me encanta... Cuántas veces nos habremos dicho que odiamos algo sólo para dejar de quererlo?
Un saludo :)

Angie Algora dijo...

me encanta marta :)
(como todo lo que escribes)
:)

Paula dijo...

Muy intimista... me gusta :)