lunes

Él sonríe al recordar la frase de los labios de ella, cinco noches y varias copas atrás.

- Me encantó bailar contigo.

Y sus labios rojos, marchándose con la cadencia de unos tacones de trece centímetros. Ni uno más, ni uno menos, ella nunca fue supersticiosa.

Lo que ella no sabía era que el baile, en realidad, no había hecho más que empezar.

2 comentarios:

J. dijo...

Historias sin fin en las que nadie sabe si viene, o se fue.
Preciosa ;)

La chica del abrigo rojo dijo...

:)