sábado

A él siempre le gustaron las ambigüedades. Navegaba entre los terrenos del sí y el no con maestría, sin llegar a pisar tierra firme jamás en ninguna de las dos orillas, atrapado en el quizás como un Caronte atrapado entre los dos mundos.
Su forma de ser no dejaba indiferente a nadie, era una de esas personas que provocan sentimientos confrontados allá por donde pasan: fascinación y curiosidad en unos; odio y aversión en otros.
Y sin embargo, la sonrisa nunca abandonaba su rostro.
Le encantaba el italiano, con su suave acento, con sus dulces ambigüedades gramaticales. Solía dirigirse a alguien con una sonrisa acompañada de un ciao, que podía suponer un saludo, pero también una despedida. Le gustaban aquellas situaciones en que el principio supone un final, pero, sobre todo, aquéllas en las que lo que parece el final sólo resulta ser el principio.

2 comentarios:

Mibelen dijo...

Era sin duda una persona digna de conocer..
A mi igual me gusta el italiano y esos finales que solo son el inicio ;)
Muás! y un encanto tu blog!

Juan A. Pérez dijo...

Ciao ;)

Sea o no desconocido, suena bien para saludar a alguien