jueves

Capítulos incompletos

Ayer, sin saber por qué, me puse a rebuscar por mis cajones. No buscaba nada en concreto, y sin embargo, encontré muchas, tal vez demasiadas cosas. Tiré, trasladé, recoloqué, sonreí... y, de pronto, aparecieron los diarios que llevaban años enterrados en el mismo lugar, almacenando más polvo que recuerdos... Como siempre, la curiosidad pudo conmigo.

Debo decir que yo era una de esas que cada cierto tiempo se imponían como el propósito del año escribir en el diario y no abandonarlo, y sí, al cabo de un mes el cuadernito estaba de vuelta en su pequeño rincón junto a mi cama. Era un proceso cíclico, que terminó casualmente al mismo tiempo que se cerró una etapa importante en mi vida.

Ayer, leyendo los diarios, me di cuenta de que todo en mi vida han sido capítulos incompletos. Como si, en el último momento, hubiera arrancado la página en la que debería poner el típico final de cuento, una cursilada en letras bonitas y rodeada de dibujitos y florituras de colores. Como si las lágrimas hubieran arrastrado los te quieros hasta un lugar inaccesible, más allá de los rincones olvidados de cualquier cajón.

Tiré, moví, traté de hacerme un hueco entre el polvo y los recuerdos olvidados. Y me dí cuenta de que estaba harta, de que no podía seguir respirando el aire viciado que me rodeaba.

Me di cuenta de que hacía falta algo más que tirar viejos papeles para cerrar una etapa en tu vida. Hacen falta ganas, ilusión por lo que vendrá, quitarse la coraza y salir al mundo a corazón abierto. Calzarse los Loubutin que nunca sacaste del armario por tus estúpidos miedos, salir a la calle y pisar fuerte, haciendo girar el mundo al compás de los tacones.
Y ayer me creía con ganas.... Pero no encontré los Loubutin en el armario.
Es una pena, Marta, otra vez será.


Y como siempre, como una gilipollas, vuelvo poquito a poco a mi pequeño reducto, y, sola, vuelvo a ponerme la coraza, que pesa más de lo que mis hombros pueden soportar.

Necesito quitar peso para tratar de no hundirme... Borraré esas páginas incompletas del diario que nunca terminé de escribir, sonreiré al mirar atrás y pensar en las estupideces que me hacían estar mal.
Es ley de vida, lo entiendo, estamos supuestamente destinados a ir madurando y, al mirar atrás, encontrar y reírnos de los fallos que tuvimos por el camino.
Pero lo que más me jode es, sin duda, crecer para que al mirar atrás sólo me salga una amarga sonrisa y piense que pudo ser pero no fue. Me niego, lo siento... Eso no está hecho para mí.

Me liberaré de todos los capítulos cerrados, pero trataré de buscar un final para los que aún quedaron abiertos, para todos aquellos en los que la tinta aún no se ha secado.

1 comentario:

Angie dijo...

¡Joé señorita! esta vez, aun me ha gustado más! Podría pasar perfectamente inadvertido entre las páginas de cualquier novela importante sin problemas! =)

"Pero lo que más me jode es, sin duda, crecer para que al mirar atrás sólo me salga una amarga sonrisa y piense que pudo ser pero no fue."

Agg! Aquí te entiendo demasiado bien... ;)

No olvides nunca que, CADA SEGUNDO ES UNA PRIMERRA VEZ*!

Un besito gigaaaaante!